Novedades

La epidemia menos pensada

Depresión, ansiedad e inestabilidad emocional, los factores que crecen entre los chicos que están más tiempo online.

La Organización Mundial de la Salud la definió como la epidemia del siglo. Afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo y es la principal causa mundial de discapacidad. En el peor de los casos puede llevar al suicidio: se estima que cada año lo concretan 800 mil personas, y es la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años. ¿Cuál es la epidemia ? Depresión. Y diferentes estudios indican que los índices de infelicidad en el grupo etario señalado crecen no sólo en los países menos favorecidos sino también entre los de mayor desarrollo económico, los mismos que suelen estar al tope de los rankings de felicidad.

La Dirección Nacional de Sanidad y Bienestar Social de Suecia informó el año pasado que el número de personas con depresión había crecido un 20% en una década, y que el alza era particularmente pronunciada en los jóvenes. En Dinamarca, en tanto, quienes tienen entre 16 y 24 años manifestaron sentirse más solos que la generación de sus abuelos, de acuerdo con una encuesta sobre 180 mil personas de la Autoridad Danesa de Salud.

Estas conclusiones fueron presentadas en 2018 en el informe “A la sombra de la felicidad”, del Consejo Nórdico de Ministros y el Instituto de Investigación de la Felicidad en Copenhague. Michael Birkjer, uno de los autores, señaló que una cultura del rendimiento, y el uso cada vez mayor de redes sociales contribuyen a la depresión, la soledad y el estrés.

Psicóloga de la Universidad de San Diego, Jean Twenge condujo un interesante estudio, que comentó en The Washington Post. Entre 2010 y 2015, de acuerdo con relevamientos masivos a lo largo de todo Estados Unidos, se comprobó que el número de adolescentes que decía sentirse “inútil” y “triste”, clásicos síntomas de la depresión, había aumentado un 33%. Los intentos de suicidio en esa franja habían trepado un 23% y, entre los 13 y los 18 años, el número de suicidios consumados había crecido un 31%.

Estos indicadores se verificaban en todos los niveles socioeconómicos y culturales, sin diferencias de regiones, raza o etnias, según registraron Twenge y sus colegas en el informe publicado en Clinical Psychological Science. Después de analizar distintas variables de toda índole -”fue una etapa de crecimiento económico sostenido y caída del desempleo”- los investigadores determinaron que el aumento de depresión y suicidio había coincidido con la explosión del smartphone: para 2015, según el Pew Research Center, el 73% de los adolescentes tenía un teléfono inteligente.

De acuerdo con el trabajo, no sólo el uso de estos móviles y la depresión crecían de la mano, sino que el tiempo transcurrido online se relacionaba con distintos trastornos de salud mental. Así concluyeron que los chicos que pasaban 5 horas o más por día conectados tenían 71% más chances de desarrollar al menos uno de los factores de riesgo como depresión o fantasías suicidas por sobre aquellos que lo hacían por sólo una hora. Estos factores - según Twenge- se elevaban significativamente después de dos horas diarias o más frente a la pantalla.

Otro estudio, publicado en Preventive Medicine Reports, con información tomada de 40 mil chicos de 2 a 17 años en Estados Unidos estableció que el 20% de quienes tenían entre 14 y 17 pasaba 7 horas diarias o más online: además de la asociación con depresión y ansiedad , los que lo hacían (sin incluir algún trabajo escolar), eran más inestables emocionalmente, se distraían más, y presentaban dificultades para completar sus tareas y para hacer amigos, en comparación con quienes estaban apenas una hora frente a la pantalla.

Más allá de la complejidad del tema, como dice Twenge, nunca es muy temprano para pensar en restringir el tiempo que los chicos pasan online. Se ilusiona con que no sea demasiado tarde.